Habitación propia o compartida
Habitaciones simples y compartidas dentro de una casa de un piso, sin escaleras ni pasillos largos.
Casa de reposo en Ñuñoa · desde 2017
No es un pabellón con pasillos numerados: es una casa de un piso con jardín en Ñuñoa, donde viven como máximo once mujeres mayores y donde la familia entra cuando quiere, sin horario y sin pedir permiso.
Visitas 100% libres · Alimentación con nutricionista · Visita médica mensual




Una casa, no un pabellón. Cada mujer es conocida por su nombre.
Funcionando en Julio Zegers desde noviembre de 2017.
Sin horario, sin avisar y sin pedir autorización.
Pieza, comedor y jardín al mismo nivel.
Por qué once
En una residencia de sesenta camas nadie puede notar que una señora comió menos que ayer, que duerme peor desde el martes o que dejó de participar en la conversación. En una casa de once, sí.
Ese límite es la razón por la que esta residencia existe desde 2017 sin crecer. Cada residente es conocida por su nombre, su historia y sus costumbres, y el equipo se da cuenta cuando algo cambia — que es exactamente lo que una familia necesita que ocurra.
La terraza de la casa, una tarde cualquiera.
Lo que incluye
Todo lo que sigue ocurre dentro de la misma casa, con el mismo equipo y con la familia pudiendo entrar a verlo cuando quiera.
Habitaciones simples y compartidas dentro de una casa de un piso, sin escaleras ni pasillos largos.
Minutas revisadas por nutricionista y alimentación asistida para quien la necesita.
Control médico una vez al mes, con informe a la familia de cualquier situación de salud.
Residentes independientes y residentes que necesitan apoyo permanente conviven en la misma casa.
Juegos, manualidades y celebraciones durante todo el año, no una sala de estar con la tele encendida.
Visitas 100% libres, sin horario ni autorización previa. Es el eje de la residencia.
Quien ya pasó por esto
Carolina grabó este testimonio en la residencia. Habla de su experiencia como apoderada, sin guion y sin edición.
«La Residencia Luis Christian ha sido el hogar de Ana Violeta desde hace dos años. Tuvimos una experiencia anterior en otro lugar y es un mal recuerdo. Todo cambió para bien en su actual hogar: es su casa, como si estuviera con sus herma…»
Leer el testimonio completo y ver cómo funcionan las visitas →
El álbum
Ninguna de estas imágenes es de banco de fotos: son de esta casa, de estas residentes y del equipo que las acompaña.








Lo que toda familia pregunta
No. La residencia es exclusiva para mujeres mayores. Es una decisión tomada desde el comienzo: permite que la convivencia, las habitaciones compartidas y el cuidado diario funcionen como en una casa de familia.
Un máximo de 11 residentes. No es una cifra de folleto: es el límite que permite que cada mujer sea conocida por su nombre, su historia y sus costumbres, y que el equipo note cuando algo cambia. Una residencia grande no puede ofrecer eso.
Ninguno. Las visitas de los apoderados son 100% libres: no hay horario establecido, no hay que avisar y no hay que pedir autorización. La familia puede venir cualquier día, quedarse a almorzar, celebrar un cumpleaños o pasar la tarde en el jardín.
Se reciben mujeres con distintos grados de dependencia, desde autovalentes hasta quienes necesitan apoyo permanente para levantarse, vestirse o alimentarse. Cada caso se evalúa antes del ingreso para confirmar que la residencia puede entregar el cuidado que esa persona necesita.
El valor depende del tipo de habitación (simple o compartida) y del grado de dependencia de la residente, porque el cuidado requerido es distinto en cada caso. Escríbanos por WhatsApp y le entregamos el valor exacto para su situación, sin compromiso.
El siguiente paso
Ninguna familia debería elegir una residencia mirando fotos. Coordine una visita, camine por el jardín, converse con el equipo y vea con sus ojos dónde viviría su mamá.